MESIANISMOS, CAZICAZGOS Y RETÓRICA A LA CARTA – EL AFFAIRE SEP 1

En el principio fue el libro de texto no remunerado

El punto de partida de este curioso affaire es una convocatoria aparecida el 15 de marzo del 2021 donde la Secretaría de Educación Pública invita a la comunidad de ilustradores a colaborar en los libros de texto gratuitos para educación primaria. El pequeño detalle es que el trabajo deberá hacerse a contrarreloj y sin remuneración, a cambio tan sólo de una constancia con valor curricular y un ejemplar impreso. El manejo político de la convocatoria revela una gran torpeza ya que -por razones que desconozco pero que poco importan- la institución debe resolver una tarea editorial compleja en condiciones muy precarias y con un ruido mediático extra que abre un innecesario flanco de críticas al proyecto de la Cuarta Transformación, enemistándola de entrada con una buena parte de la comunidad de ilustradores.

Abogando por el diablo

Que la elaboración de los libros de texto haya sido manejada con las patas no implica que la propuesta de colaboración pro bono sea mala en sí misma. En mi opinión se pudo haber apelado legítimamente al trabajo solidario de artistas simpatizantes del proyecto político del lopezobradorismo, ya que se trata de un proyecto de beneficio social sin fines de lucro. Si bien no es algo para celebrar, el trabajo no remunerado no implica -necesariamente- un acto de explotación o abuso laboral. De hecho se trata de una convocatoria abierta, no obligatoria (nadie obliga a nadie a regalar su chamba). Es como un llamado a misa para participar en un proyecto editorial atípico por su magnitud y su importancia y de ninguna manera debe ser visto como un trabajo común y corriente, una chamba del día a día como muchos plantearon. Es cierto que la ausencia de pago no resulta nada apetecible, pero el asunto no puede ser reducido solamente a su dimensión económica ni es prudente vocalizar el inútil y despolitizado mantra de: “no vivimos del aplauso” o “la cultura se paga” o tantas otras frases que pretendiendo decirlo todo, acaban diciendo nada. 

En todo caso es muy debatible que se trate de una “crisis originada por un nuevo gobierno aún más populista y oportunista (que los anteriores)“, como algún colega ha planteado por ahí. De hecho y si no estoy mal informado, el Fondo de Cultura Económica ha utilizado el formato de colaboración no remunerada bajo la gestión de Paco Ignacio Taibo sin que al momento haya estallado escándalo alguno.

Según el sapo editorial es la pedrada

En fin, que la respuesta del altamente despolitizado gremio de ilustradores fue inconformarse en redes sociales publicando memes con imágenes satíricas montadas sobre las portadas de los libros de texto. Un acto lúdico y catártico que habló más del autor del meme que de la convocatoria de la SEP. Algunos colegas publicaron amplias reflexiones al respecto (en pro y en contra, aunque mayoritariamente en contra) y -finalmente- un puñado de ellos conformó un pequeño grupo por la vía del fast track para pronunciarse frontalmente en contra de la convocatoria a la voz de:

“En el gremio de los ilustradores podemos compartir su diagnóstico, sus objetivos y las premisas que los alientan, pero no podemos aceptar, como profesionales de esta área, que es una de nuestras especialidades, los mecanismos y la forma con la que pretenden llevar adelante la elaboración de los nuevos materiales educativos que la nación demanda.” 

En la que me parece una de las declaraciones mas filo caciquiles y delirantes que haya escuchado en fechas recientes; muy en el tenor de un viene-viene que increpa a un conductor de automóvil por estacionarse invadiendo su espacio de trabajo.

MESIANISMOS, CAZICAZGOS Y RETÓRICA A LA CARTA – EL AFFAIRE SEP 2

Ladran los ilustradores, Sancho, señal de que avanzamos

Siguiendo la cronología, el primero de abril irrumpe en el escenario el grupo Creadores Gráficos Mexicanos (CREAGRAM) quien publica en Facebook una convocatoria para dialogar ni más ni menos que con Delfina Gómez, Secretaria de Educación Pública, Martha Velda, Subsecretaria de Educación Básica y Mark Arriaga, Director de Materiales Educativos.
¿Aparecen de un día a otro y ya solicitan interlocución con los funcionarios machuchones de educación pública? Comienzan fuerte y sin complejos los compañeros.

Previamente al diálogo institucional invitan a una “Reunión de propuestas” con un formato muy acotado de participaciones de 3 minutos que busca

“escuchar y generar propuestas para incidir en los términos de la reciente convocatoria (…) Creemos que aún se puede hacer algo al respecto. Hay información de primera mano que queremos compartir”. 

Es evidente que el formato y el espíritu de la charla presuponen la viabilidad y legitimidad del encuentro con la SEP.
Además de la reunión de propuestas, los Creadores Gráficos comparten con sus colegas un documento que contiene:

“La invitación al diálogo que como gremio haremos llegar el próximo domingo 4 de abril a las autoridades de la SEP a propósito de la convocatoria para la elaboración de las imágenes de los libros de texto gratuito. Se enviará a los tres correos institucionales del funcionario y las funcionarias que aparecen en las documentos y, simultáneamente, a medios de comunicación. Si estás de acuerdo, te solicitamos sumes tu nombre y ocupación / especialidad mediante correo a esta cuenta.”

Resulta por lo menos curioso este bizarro mecanismo de “legitimación democrática”. Para quienes están de acuerdo con ellos el asunto está claro: firmar el documento y reconocer a los Creadores Gráficos como sus representantes válidos ante la SEP; Pero ¿y aquellos que no están de acuerdo? ¿Los desautorizan sin su firma? Esto que parece menor es de suma importancia, como veremos más adelante. 

¿Quién es ese pokemon?

Creadores Gráficos Mexicanos, surgidos al vapor y al calor del pequeño y coyuntural escándalo de la convocatoria de la SEP, cuenta con una página de Facebook con 405 contactos al 16 de abril del 2021, ignoro si ese número de amigos equivale a las firmas que los legitiman como representantes gremiales. El grupo de colegas que aparece como responsable de las publicaciones es -al menos- cuestionable y sus publicaciones, tono y acciones resultan no menos debatibles en forma y fondo. 

Para sorpresa de nadie, la coyuntura y la actividad del grupo despiertan el interés de la prensa fifí (Proceso (en su etapa golpista, no la revista histórica), Reforma, Enfoque Noticias, Reporte Índigo) que voltean a ver a este grupo aparentemente representativo del gremio de ilustradores inconformes con la dictadura venezolana que se vislumbra. Ante la previsible atención de los medios, alguno de sus miembros celebra:

“Avanzamos, más allá del vituperio, el meme facilón, la incertidumbre, y el desanimo. Hoy mas que nunca, soy ilustrador y autor de cómics y mi trabajo no es un hobby, mi trabajo es un arma cargada de futuro.”

Y acompaña sus consignas con un manojo de los más desafortunados y lamentables hashtags:

#mitrabajonoesunhobby #nocomoconvisibilidad #dejadehacernegociogratisconmitrabajo #laculturasepaga #novivimosdelaplauso #noporamoralartemx #noporamoralarte

¿Se les enchinó la piel? ¿Se les llenaron los ojos de lágrimas? A mí tampoco.

Dialogan los funcionarios, Sancho, señal de que avanzamos

El 4 de abril, Creadores Gráficos anuncia que Marx Arriaga, Director de Materiales Educativos, acepta un diálogo que -afirman en su comunicado-

“deberá ser público y con la posibilidad de presencia de los medios de comunicación”. 

El 12 de abril se reunen a puerta cerrada (se hizo lo que se pudo, dirán después) con la secretaria Delfina Gómez, la subsecretaria Martha Velda, el mentado Marx Arriaga y en representación de los ilustradores Norma Ascencio, Octavio Jiménez, Guillermo de Gante y Ricardo Peláez. El punto de encuentro son las instalaciones de la SEP.

En días posteriores se divulgan las declaraciones con versiones contradictorias entre los funcionarios y los embajadores de la ilustración. Los primeros afirman que la convocatoria de colaboración gratuita sigue en pie y que en proyectos futuros trabajarán en estrecha coordinación con los ilustradores, además de agendar algunas actividades culturales irrelevantes como ilustrar murales, participar en cápsulas educativas etc. Los segundos reviran diciendo que jamás aceptaron las condiciones de trabajo sin paga y publican como prueba de sus dichos una minuta de la sesión. Habemus nueva micropolémica.

A esas alturas habrían llegado a la SEP las solicitudes de colaboración por parte de 2300 ilustradores; todas a titulo personal y aceptando las condiciones de trabajo no remunerado. Entonces ¿qué importancia tiene que los Creadores Gráficos hayan aceptado o no la colaboración no remunerada, si se trató siempre de un decisión de índole personal -no gremial, repito, no gremial- de parte de los dibujantes? 

Los Creadores convocan a la 1era asamblea informativa para el viernes 16 de abril. Uno de sus miembros afirma en un mensaje de fb que:

“la reunión tiene un tema, informar, proponer, no es ni pelearnos ni dar satisfacción, en el primer comunicado se hizo público que no pretendemos representar a todos los ilustradores. Quien quiso firmar bien y los que no también. El tema será la aclaración de los aspectos sesgados del boletín de la SEP y de algunos medios”. 

Esta declaración con reveladores tintes de desliz freudiano sintetiza las erráticas acciones de este colectivo y explica la enorme animadversión de un sector del gremio, pero eso lo comentaré más adelante. 

MESIANISMOS, CAZICAZGOS Y RETÓRICA A LA CARTA – EL AFFAIRE SEP 3

Mesianismos, cacicazgos y retórica a la carta

Retrocedamos un poco. El móvil para el activismo de los Creadores Gráficos Mexicanos ha sido expresado de manera reiterada: 

“Ante el tema de la convocatoria de la SEP, ha sido ardua pero gratificante la labor de no solamente inconformarse, sino pensar, dialogar, escuchar y proponer. Sin duda es más sencillo, inmediato y adrenalínico insultar, burlarse, descalificar. Nos llena de energía. Y más si son muchos los que se suman a tan “divertida” actividad. Pero como ciudadano en general e ilustrador en particular, no me sirve de nada para transformar aquello que por supuesto considero un error.”

En respuesta a una colega que cuestionó el modus operandi del grupo, otro creador gráfico comentó: 

“Me gustaría que que fueras tú quien hubiera gestionado ese acercamiento con los funcionarios, para trascender el meme facilón y el sabotaje de la convocatoria de la SEP y pudieras, tú si, obligarlos de alguna manera a cancelar la convocatoria de marras. (…) Estoy en esto porque creo que hay que elevar el nivel de la discusión, de propuestas y de horizontes, quizás me equivoco pero al menos hay que intentarlo activamente.”

Me he preguntado con toda sinceridad antes de entrar en este debate ¿Qué veo mal en los planteamientos formales de estos colegas? ¿No he insistido una y otra vez en que urge un debate más serio y responsable? ¿no me he quejado -incluso en este texto- de la exasperante despolitización del gremio? ¿No estaré dividiendo o metiendo ruido malsano a quienes por una buena vez se preocupan por organizarse y participar políticamente en vez de pasársela posteando en redes sociodigitales? 

Mea culpa, dijo el iracundo borracho

La única vez que intenté organizar o proponer una acción política a mi gremio acabé frustrado, rabioso, ahogado en alcohol y mentándole la madre a dos o tres colegas justo en la casa de Ricardo Peláez, mi amigo y camarada. ¿Qué autoridad moral puedo tener para decir: pienso que esto está mal y esto otro todavía peor?

Pues cuento con esa autoridad, la de alguien que la ha cagado mucho y muchas veces, que ha recibido amargas lecciones de humildad (¡soy superior a ustedes porque soy humilde!) y que valora encabronadamente el pensamiento crítico, la ética, la inteligencia y los cuerpos apolíneos y curvilíneos. Tengo la autoridad que se tiene entre quienes son iguales, porque como dijera el antagonista de Tizoc: nosotros también semos indios.

 Además de que Ricardo me invitó por mensaje privado (así haya sido con un copy paste) a opinar al respecto, y yo que soy tan obediente quiero comentar lo que a continuación leeréis.

Desde mi punto de vista, el problema no son los planteamientos formales con los que -desde luego- coincido, sino la forma errática, desbocada y oportunista con la que ha actuado el colectivo. Sus hechos contradicen sus dichos de manera preocupante y eso genera razonadas -y razonables- dudas y rechazo entre buena parte del gremio, al que aluden inevitablemente con sus declaraciones públicas.

¡Ese apoyo no se ve! ¡Ese apoyo no se ve!

Cuando se cuestiona su legitimidad como interlocutores gremiales afirman en automático que: 

“no pretendemos representar a todos los ilustradores, quien quiso firmar bien y los que no, también.”
“Reitero, no pretendemos representar a todos los ilustradores, ni validar el no pago por un trabajo solicitado”  
“Todos los trazos, todas las voces” 
“¡No pretendemos representarte!¡Asiste y represéntate tú!”

Pero en su solicitud de diálogo se presentan como

un grupo diverso de creadores gráficos que incluye a ilustradores, historietistas, narradores gráficos, caricaturistas, artistas visuales, muralistas y otras disciplinas. 
No pretendemos representar a todos los profesionales, pero todos los firmantes estamos dispuestos a colaborar en el diálogo constructivo etc.

Esa redacción es evidentemente engañosa. Decir que no representan a todos es, más que una obviedad, una coartada para cubrirse las espaldas como lo han venido haciendo en sus redes sociales. ¿Porqué? porque esa redacción da pie para entender que si bien no representan a todo el gremio (lo cual sería razonablemente imposible, sobre todo si hay miles de ilustradores que se representan a sí mismos aceptando la oferta de la SEP), sí son representativos de una mayoría o de un número considerable y por ello su interlocución es válida y legítima, lo cual es -por decir lo menos- cuestionable.

Me pregunto: si son 2300 los ilustradores que aceptaron la propuesta de colaboración con la SEP ¿cuántas firmas avalaron la representatividad de los Creadores gráficos? Más aún, si esas firmas fueran el doble o el triple (Digamos: 6000 firmas) su supuesta representatividad se aula en automático.  

Más adelante, en la misma solicitud de diálogo formal, escriben “OFRECEMOS COMO GREMIO: nuestra disposición y experiencia en la interlocución que generaremos para lograr alcanzar los objetivos planteados.”

El problema no es la redacción, sino lo que sugieren a través del amañado uso retórico. Contradicen el perogruyo “No pretendemos representar a todos los profesionales” con “ofrecemos como gremio” y siembran la certeza de que generarán interlocución gremial.

Da la sensación de que el diálogo casi interinstitucional se iba a dar con o sin el aval de sus colegas “Quien quiso firmar bien y los que no también”. Y sus actividades y convocatorias al diálogo son tan estrechas y encorsetadas que sirven más bien como coartada para simular democracia, representatividad y horizontalidad donde no existen*. Muy en la linea de las lamentables mesas de diálogo que el viejo régimen utilizaba para validar mediáticamente las desiciones que había tomado previamente (por ejemplo, con la reforma energética, el aumento al IVA, el levantamiento zapatista etc.) 

Otro aspecto que me resulta preocupante son sus delirantes auto atribuciones. Está muy bien que tengan alta autoestima e interés participativo, pero de eso a decir: “No podemos aceptar, como profesionales (…) la forma con la que pretenden llevar adelante la elaboración de materiales educativos” “Me gustaría que fueras tú quien hubiera gestionado el acercamiento con los funcionarios (…) y pudieras (…) obligarlos a cancelar la convocatoria de marras”. 

 ¡Qué desplante! No se les critica su derecho a plantarse con firmeza ante un hecho que consideren inaceptable o injusto, sino que lo hagan (aunque digan lo contrario) en cuestionable y engañosa representatividad de un sector amplio del gremio. Si quieren dialogar con funcionarios pueden hacerlo a título personal y no en nombre de una comunidad que a día de antier ni siquiera sabía que existían.   

¿Estoy diciendo con esto que se deben abandonar los intentos de formación, diálogo, acuerdos, participación democrática y demás trabajo gremial? Para nada. Absoluta y rotundamente NO. Lo que afirmo es que ese liderazgo que tanta falta hace debe ser legítimo, orgánico y ganado a pulso a través de hechos demostrables y sostenidos. Que no puede llegar de un día para otro, que no puede ganarse con un hiper cuestionable albazo (¡albazo de mi vidaza!). Que los bonos democráticos no se consiguen con firmas en Facebook, sino con trabajo de larga duración. 

Y para que no se diga que estoy criticando de manera simplona, cínica o confortable, reitero a mi camarada y amigo Ricardo Peláez lo que le dije al calor de un café o una chela (en cualquier caso, al sabor de un líquido amargo):

Si se trata de participar en algo que va en serio, si no son sólo ejercicios de simulación y si vamos a hacer algo con honestidad y compromiso, cuenta conmigo. Si es así, participo y te apoyo en lo que tú me digas.

Abrazo (de burro) primaveral
JQ

* Asistí a la reunión del 16 y fui testigo de que esta aseveración fue injusta. Hay buen ambiente y espacio para el diálogo, aunque -desde mi punto de vista- los argumentos y las ideas se encuentran muy uniformadas y escasean las opiniones críticas y -sobre todo- las autocríticas. El grupo ha cerrado lineas tan celosamente que pueden verse fortalecidos en lo inmediato pero esta cohesión a toda costa puede ser fatal a mediano y largo plazo.

APOLOGÍA DE JAVIER KRAHE 2

Zozobras completas

  Entiendo que en sus primeros años y sus primeras grabaciones era notable la influencia del francófono Georges Brassens (del que conozco muy poco y en el que no tengo mayor interés). La estética musical, el aire a canción francesa e incluso la forma de cantar (chusca y teatral, aupando afectadamente cada sílaba) pesaban excesivamente en el estilo temprano de Krahe –temprano es un decir, pues empezó a cantar a los 40 años-. Su voz en La Mandrágora (grabado al alimón con Sabina) me resulta ligeramente chocante por cuanto -me parece- buscaba resultar gracioso todo el tiempo. A partir del cuarto o quinto disco su estilo se fue asentando y su voz se tornó un poco más sobria o menos bufa; ampliando la gama expresiva y aventurando cierta emotividad -rubricada a veces con un fraternal acento intimista- como para confiar al escucha sus experiencias de manera directa y personal. Las cosas importantes, sorstienen algunos, son las que se dicen en voz baja. 

En el mismo periodo, tanto los arreglos musicales como la alineación instrumental tuvieron también sus idas y venidas, con resultados decorosos y no pocas veces, afortunados. pero es a partir de Cábalas y Cicatrices (posiblemente -seguramente- su obra maestra) donde encontramos al Krahe maduro, cuajado, reinventado y, si no renacido, al menos rejuvenecido. Para mi -que le había perdido las pista desde hacía varias grabaciones- Cábalas resultó un sorpresivo y feliz reencuentro; un reencuentro definitivo. La atípica grandeza del álbum no consiste en ser una producción de factura impecable -como suele ser moneda corriente en la industria discográfica moderna-, sino precisamente en su contrario: la capacidad de atrapar fonográficamente la magnitud vital de la propuesta krahesiana: mezcla compleja de humor, informalidad, poesía, chacota e inusitada belleza lírica y musical. 

Cábalas y sus posteriores grabaciones en directo dan fe de la altura de este artista que se regodeaba en su marginalidad desbordante (porque abarrotaba cuanto cafecillo o pequeña sala de conciertos en los cuales ponía el pie); recordándonos de manera reiterada que hoy en día la inteligencia, el humor y la belleza sólo pueden existir en los márgenes de la cultura de masas.

Un coro de viejos marinos 

La peculiar voz de Krahe estaba íntimamente ligada a la de los instrumentos musicales de su grupo. Podría decirse que voz, guitarra, clarinete y contrabajo (la alineación crepuscular) formaban parte del mismo tejido musical. Los instrumentos dialogaban en cada canción, la vestían de manera escenográfica como si se tratara de una puesta en escena y no de un arreglo musical ordinario. No es un exceso retórico decir que sus músicos (Javier López de Guereña, Fernando Anguita y Andreas Pritzwits) eran una extensión de la mente y la sensibilidad de Javier Krahe.

Abundan los momentos destacados a lo largo de la discografía krahesiana; Como ya dije, los instrumentos solían apoyar musicalmente a la lírica con instrumentaciones, efectos y acentos contextuales. Ovnis, Los Caminos del Señor, Piero della Francesca, Como Ulises y tantas otras son claros ejemplos de arreglos musicales supeditados rigurosa y escenográficamente a la lírica. Pero los casos que me interesa destacar son aquellos en los que surge aquello que me atrevo a adjetivar (tocando fondo en la vulgaridad retórica) como magia. Instantes de una belleza tan sutil que dura apenas unos compases, unos segundos o bien, unos suspiros. 

Krahe y compañía

En el intermedio de Días de playa (canción de una doliente melancolía disimulada hábilmente por reiteradas dosis de humor) luego de la frase pronunciada por el protagonista-amante: 

"y después me hago el muerto y me dejo mecer 
¡qué placer cuando flotas! 
si tu amor es incierto o es incierto el placer,
y en lo alto, gaviotas."

 Puede sentirse a las aves volar lánguidamente sobre el cielo azul por efecto de la voz angustiosamente triste del clarinete de Pritzwits. Bellísimo paisaje emocional. 

En Alta velocidad, el cuarteto construye un tren sonoro para acompañar de manera vigorosa la brevísima letra de Krahe, que refiere justamente un tren de alta velocidad y un no menos breve encuentro sexual. 

En Abajo del Alzheimer (un hermosísimo, dulce, culto, resignado, nostálgico y memorioso recuento de los cien amores del autor) los arreglos comienzan y termina con un loop de clarinete que refuerza la imagen de una noria trabajando que se menciona en la última linea del último verso: 

"Y ya están las cuentas de mis cien amores
que -claro que sí- fueron los mejores. 
Y si queréis más, yo de mil amores. 
Y ruede la rueda y gire la noria."

Remata el cantante y puede escucharse al clarinete girando vigorosamente para luego sosegar su ritmo e ir apagando lentamente su volumen, como un recuerdo amoroso que se apaga.

En ¿Porqué no?, Krahe tararea casualmente una melodía y uno de los músicos pregunta “¿La ensayamos?”. A partir de entonces el escucha parece encontrarse en mitad de uno de los ensayos habituales del grupo, en el que el letrista recita sus versos y los músicos corrigen lúdicamente las palabras más disparatadas y absurdas mientras siguen tocando y pausando sus instrumentos de forma sincronizada. Divertidísimo y bello ejercicio musical de un conjunto que -orgánicamente integrado- dialoga, respira y fluye con sus distintas voces.  

Una canción para vigilar la marea

Quiero terminar esta apología (¡te la debía desde hace tanto, mi querido maestro!) mencionando la que es, en mi opinión, la más bella canción de amor escrita en castellano; nacida de la inspiración de un joven Javier en colaboración con su hermano Jorge Krahe.
Es sabido que (al fin turbamulta) solemos confundir las canciones de desamor con su contraparte; llegamos al clímax de las locas borreacheras con aquellas canciones que nos hacen llorar a causa del amor mal correspondido, el imposible, el extraviado, el contrahecho… pero el amor es justamente lo contrario: crecimiento, armonía, plenitud, complenetariedad y en todo caso, ausencia de melodrama. Eso me lo hizo saber Javier Krahe a los 18 o 19 años de mi tierna edad, cuando escuché con detenimiento y atención Nos ocupamos del mar, en la versión del álbum Haz lo que quieras (la de La Mandrágora -en voz de Alberto Pérez– es una patada en las gónadas).

Nos ocupamos del mar
Y tenemos dividida la tarea.
Ella cuida de las olas,
Yo vigilo la marea.
Es cansado,
Por eso al llegar la noche
Ella descansa a mi lado,
Mis ojos en su costado.

El amor consuetudinario -con sus altas y sus bajas, con su dimensión épica y su cotidianidad pedestre, con sus tensiones multifactoriales y su particular poética, con sus alas y sus balas- es abordado por Krahe a contracorriente de la rentabilidad y la buena prensa del amor romántico, del pasional, del amor mediático y comercial, del amor a ocho columnas que recompensa con hits y likes.

En mi equipaje de canciones para la vida, donde la obra de una generación de cantautores españoles (Serrat, Aute, Víctor Manuel) ocupa un lugar especial, Javier Krahe tiene un espacio privilegiado, y de entre esas canciones fundamentales con las que he transitado de la briosa juventud a este simulacro de vejez, Nos ocupamos del mar reverbera como un himno que me recuerda -no sin nostalgia- a la compañera de vida que cuidaba de las olas mientras yo vigilaba la marea.

En una entrevista de 2014, el cumplido cantautor declaró:  

«Considero que la canción es un género frívolo y que tampoco hay que intentar decir las grandes verdades, a lo mejor es pedirle demasiado a una canción». 

Y yo, por supuesto, no le creo nada. Imposible que alguien que cultivó tan amorosamente este género musical lo haya hecho de manera frívola. Javier Krahe escribió canciones profundas, complejas y trascendentes muy bien pertrechado en la trinchera del humor porque, como dijo en una entrevista posterior:

«El humor, o la ironía, no es un arma: es un escudo».

APOLOGÍA DE JAVIER KRAHE 1

Orfebre de la literatura gutural

El 12 de julio de 2015 -siendo un mozalbete de apenas 71 años-, Javier Krahe se recostó en su lecho de muerte para no levantarse más, o al menos no en esta dimensión. Me enteré de su fallecimiento —que había presentido la dominical mañana del día aciago— por un retweet o alguna nota perdida en Facebook. Durante las horas siguientes me mantuve a la espera de una improbable avalancha de menciones en las redes sociales; pero los mariachis callaron, los frívolos tuiteros callaron y la aldea global permaneció indiferente ante la partida del fino letrista. A tres años de su retorno al útero universal la humanidad sigue sin llorarlo, sin emborracharse o lamentar a grito pelado la ausencia irreparable de ese orfebre de la literatura gutural. 

Me vanaglorio secretamente (ahora públicamente) de conocer con cierto detalle las zozobras completas de este cantante tan marginal como universal. La obra de Krahe es uno de esos tesoros invisibles (porque lo escencial es invisible para los ojos -diría aquél- y también para los oídos -agrego yo-) que nadie ansía y nadie ostenta porque no se le ha asignado el justo valor de uso. El hecho de que el gran público desconozca la obra de este cantautor resulta tristemente trágico no para Krahe, a quien la fama fatal le tenía sin cuidado, sino para el propio público, quien en esta omisión se pierde de vivir uno de los episodios más gratificantes y singulares que puede experimentar hispano-oyente alguno. Con estas silvestres reflexiones intento acercar a uno y a otros a la manera de los niños que comparten sus mejores juguetes o los adolescentes de finales de los ochenta sus casetes piratas adquiridos en el Tianguis del Chopo (lugar donde, por cierto, descubrí a este autor monumental cuya música reverbera de manera permanente en la cantina de mi alma). 

¿Que quién es Krahe?

Javier Krahe fue un humorista, ironista, poeta, galán otoñal, virtuoso de la cuchufleta, bohemio, juntapalabras de estratosféricos vuelos y —más que cantautor— hablautor madrileño nacido a mediados del siglo pasado. No diré que fue un genio, pero sí que escribió canciones francamente geniales. Con 15 álbumes publicados, la mayoría de los cuales contienen joyas, perlas y churumbeles que enriquecen el acervo lírico universal. Sus canciones geniales -las que lo son- no lo son en virtud de su número, sino de su arquitectura literaria y su cualidad de obras personalísimas, únicas e irrepetibles; inimaginables más allá de la voz y la sensibilidad del artista de marras.

Que Krahe es un fuera de serie se sabe por lo insólito de los temas que trató, además del tacto (no menos insólito) con el que supo acariciar las palabras. Se sabe también por lo atípico de su presencia escénica y lo extraño de su voz que era, de tan mala, irrefutablemente buena; En este sentido pertenece a la estirpe de Agustín Lara, José Alfredo Jiménez, Leonard Cohen, Tom Waits o cualesquiera otro cantante de fea faz, hórrida voz y extraordinaria sensibilidad. 

Pero su condición de artista insólito se conoce -sobre todo- por el riguroso apego hacia su propia agenda creativa. Sospecho que Krahe evitó sistemáticamente cualquier posibilidad de éxito en el sentido concebido por la industria discográfica. No fue en absoluto complaciente con el público y menos aún con su público al que -sigo sospechando- necesitaba mirar de cerca para constatar cara a cara la fluidez del diálogo, lo cual explicaría su predilección por los pequeños escenarios. Tampoco buscó agradar merced a las fórmulas para hacer comercial a una canción de las que habló con tanto conocimiento de cau$a Joaquín Sabina -su amigo y referente obligado-; de tal manera que su obra resulta accesible pero de ninguna manera fácil de aprehender. No admitió censura, autocensura o interferencia alguna con su soberanía discursiva y desestimó cualquier postura que lo congraciara con el progresismo o el imperio de la corrección política y por todo lo anterior pagó el precio requerido dejando -incluso- propina.

Es la vida de artista del cantante letrista

A diferencia de legión de cantautores cuyas obras memorables fueron escritas en su madurez biológica o incluso en la juventud, Krahe supo encontrar la vitalidad juvenil en la vejez. Fue en la última etapa de vida donde alcanzó su cima creativa que se manifiesta en letras impecables, inteligentes (pero de verdad inteligentes y no como esas letras decorosamente escritas que se hacen pasar por tales), complejas en el mejor sentido: llenas de matices, hallazgos, retruécanos y sutilezas; todas ellas envueltas por una música orgánicamente integrada merced al blindaje armónico y melódico construido -a la medida y al momento- por sus tres músicos de cabecera, de los que hablaré más adelante. 

Reposado, siempre a su aire y siempre ajeno a modas y tendencias, nuestro original e insólito cantante cantó a la seudo democracia, al final del siglo XX, al placer solitario, al tamaño de su miembro viril (¡hágame usted el favor!), a los sentimientos de su propio miembro viril (¡vuélvame a hacer el chingado favor!) cantó a su propia canción, cantó al tabaco, al pensamiento suicida, a Matilde Urbach, a las tecnologías de tortura y muerte, al astronauta español Pedro Duque, a su proceso creativo y a los extraterrestres. Compuso fábulas (edificantes o no) con animales u homo animales como protagonistas, descompuso magistralmente La Odisea, cantó mucho y en muy distintas situaciones sobre la vejez, se burló hasta el hartazgo de los señores de la iglesia y recorrió la gama emocional amorosa de uno a otro polo: desde el amor trascendente hasta el desamor que arranca de cuajo un corazón sin fe, pero aún con latidos, pasando por el simple lige veraniego, el sadomasoquismo, la infidelidad, las peripecias conyugales, la ninfomanía, la asimetría cronológica y un romántico etcétera.

Pero las virtudes discursivas de este quijotesco autor no pueden (no deben) limitarse a la originalidad de sus temas. Como buen filósofo devenido en humorista, Javier Krahe no pudo evitar que de tanto en tanto lo desbordaran frases o canciones impregnadas de existencialismo, introspección y melancolía, como en Hoy por hoy (temprana obra maestra sobre la insoportable levedad del tiempo y la existencia), La Taberna (oscura y melancólica versión el mito de la caverna de Platón reubicado en una taberna) El Ciprés (sobre su propia tumba), Conócete a ti mismo (humorada sobre la búsqueda del ser en distintos contextos) y/o El Cromosoma (otra canción temprana sobre la trascendencia vital a través del cromosoma y no de la resurrección).

Evidentemente, el tratamiento a los extravagantes temas mencionados es humorístico, pero lo que hace gracia de ese humor es que no carece de seriedad e incluso de profundidad; En su obra el humor es forma y no fondo o, dicho de otro modo, Krahe es un viejo sabio cuya sabiduría le impidió tomarse la vida con gravedad. 

INVÉNTAME UN ÁNGEL

Una definición personal: cultura es aquel trabajo que realizas sin que nadie te lo pida, sin que nadie (necesariamente) te lo reconozca o te recompense. Aquello que -de no hacerlo tu mismo- no existiría, al menos no de la misma forma ni con tu impronta personal.
Estamos de acuerdo en que esta es una definición insuficiente, pero de momento sirve para explicarme yo mismo el porqué insisto neciamente en hacer algunas de las cosas que hago, como perrito persiguiéndose la cola. 

Mas íntimas que las más íntimas de mis historietas son mis canciones. Escribo y compongo melodías (que grabé en el noble cassette, en el disco duro de mi memoria y ahora -moderno el muchacho- en formato digital) desde los 15 años. 

La gente a la que le interesa mi música se cuenta con los dedos de la mano de un manco y las posibilidades de hacer algo relevante en formato canción (que es un híbrido de música y poesía, como yo mismo soy un híbrido de poeta y rata de alcantarilla) son ligeramente superiores a cero. Sin embargo no puedo evitar volver de tanto en tanto a mi guitarra y mis letras para repasar “las pisadas” de mis rolas.
Ese “de tanto en tanto” se refiere lo mismo a días que a semanas, meses o años y durante esos oasis musicales corrijo palabras, frases y estribillos, subo y bajo tonos, canto para nadie con harto sentimiento y ocasionalmente siento que ese esfuerzo sistemático pero subatómico no carece de utilidad o sentido.

Hace algunos días, chateando con mi camarada (nos escribimos: -qué onda, chato -Pues nada nuevo, chato) le comentaba que estoy grabando de tanto en tanto mis canciones -que a veces celebran y a veces lamentan la lucha del hombre- porque no quiero que se queden en mi cabeza para siempre. Últimamente he pensado de forma obsesiva que si llego a morir antes de tiempo -esto es, antes de cumplir 100 años- un número indeterminado de canciones, historietas y poemas inéditos morirían a la par de mi conciencia y no quiero que eso pase. Sería una lástima que ese enjambre de palabras y melodías resignificadas se vayan a la nada sin antes haber siquiera salido de la nada en lo que podría ser calificado literalmente como un aborto cultural.

La que ahora comparto es una de las primeras canciones que compuse guitarra en mano (las primeras existían sólo como melodía, sin estructura armónica o bien con la estructura armónica implícita, muy al estilo del gran José Alfredo). Data de los lejanos 90’s y originalmente se llamaba “Inyéctame un ángel”, una metáfora extraña y relativamente bizarra que terminé cambiando por “invéntame un ángel” como sinónimo de “cuéntame un cuento”. Tiene un aire vagamente fúnebre de luto por la muerte de Dios -por lo que deduzco que data de mis tempranos años veinte- y una frase citando a Nietzsche en un momento en el que aún no lo había leído; con lo que se confirma una vez más que la ignorancia es temeraria y la temeridad es ignorante. 

Le chateaba a mi camarada (-¿cómo ves, chato? -pues muy bien, chato) que sólo al terminar de grabarla pude escucharla completa por primera vez. En mis sesiones de práctica, suelo tocar fragmentos breves y saltar de una a otra pieza cada que duelen en exceso las yemas de los delicados dedos de mi mano de albañil, así que fue una sorpresa escuchar de una tirada los 6 minutos de duración con todo y sus precarios arreglos musicales (que incluyen sexi voz, guitarra, algunos compases de violas y batería de Logic X). 

Suelo decir -anecdóticamente- que escribí tal canción inspirado en tal referencia sonora o discográfica, pero “Inyéctame un ángel” surgió sola y casi diría que por determinación propia. El joven que fui sólo hizo el registro y heredó una letra casi terminada al veterano de guerra que ahora soy, así que sólo tuve que agregar un buen estribillo y un par de estrofas finales que aún no me convencen, pero que no tendría problema en corregir y regrabar. ¿Estoy conforme con el resultado? Ni idea. Lo único que sé es que esa canción tenía que existir y que fui el único medio (¡pobre canción!) para que esto ocurriera.

Cosa curiosa: una vez que salen del útero de mi alma, no se qué hacer con mis canciones. Las tengo formaditas en una carpeta para sentir un ligero alivio al verlas pasar de simulacros etéreos a archivos de audio con extensión mp3 en toda forma. 

La última vez que chateamos (-Entonces quedamos en eso, chato -¡que conste en actas, chato!), mi camarada comentó que esta canción le gustó e incluso la creía digna de un playlist de borrachos enamorados del amor. Eso me dio ánimo para compartirla con quien tenga el ocio y la disposición de escucharla y ayude de paso a cumplir con el ciclo de vida de todo producto cultural, que no termina de existir hasta no ser aprehendido por la sensibilidad del otro polo de la cultura que es el escucha o lector. 

Sin mas dilación, va por ustedes, criaturas de babel.

EN EL PRINCIPIO FUE EL BLOG

1. Por el boulevard de los egos rotos

Este espacio y todo lo que en él cabe fue pensado como un portal cultural, un depósito de ideas escritas y dibujadas por un grupo selecto de autores cuyo fruto discursivo tendría la insidiosa tarea de incidir en el pensamiento de sus lectores. Con ese proyecto en mente perfilé mi dream team, redacté una convocatoria seguida de un pomposo manifiesto y me olvidé del asunto por un buen tiempo.

El paso arrollador de las semanas y los meses me pasó encima cual recua de burros mieleros e hizo evidente mi incapacidad de alimentar un proyecto de la magnitud imaginada inicialmente. Opté entonces por bajar mis expectativas y reducir el equipo de siete colaboradores a uno sólo (quien esto escribe) y, en lugar de un portal cultural, trabajar sobre la base de un meta blog, sea lo que sea que eso signifique y signifique lo que signifique que eso sea. 

No conformes con haberme pisoteado tiempo atrás, las semanas, los meses y los años decidieron bailar un jarabe tapatío sobre la humanidad de quien esto escribe y me invitaron cordialmente a reducir de nueva cuenta mis delirios editoriales. 

Si algo he aprendido en la práctica de ese deporte extremo que es envejecer, es que la lucha contra el tiempo siempre termina en dolorosa derrota (sólo hay que darle tiempo al tiempo); así que, ya entrados de lleno en este año del señor -2021-, me rindo ante mis circunstancias, reconozco mis limitaciones, humillo mi testa ante el futuro y doy por inaugurado este ambicioso portal cultural este prometedor meta blog modesto y devaluado blog con la convicción de estar construyendo, pese a todo, un espacio de reflexión y pensamiento crítico digno, transformador y a la altura de lo que mi dura sesera entiende como realidad.

2. ¿Qué fue primero, el testículo o la gallina?

La mesura, esa virtud sepultada por toneladas de mierda escrita, twiteada, posteada, publicada y compartida bajo el signo del yugo viral, se antoja digna de un revival. Ser desmesurado en el pensar para ser luego sobrio en el decir es -me parece- una fórmula que conviene adoptar como buen hábito; y que esto lo afirme un dibujante poseido por el desmesurado espíritu del barroco tiene su mérito.

La austeridad de El Trilobite, al fin y al cabo, no está nada mal. Pero esto es apenas el medio y no el fin; la socialización del pensamiento es sólo el éter necesario para la transformación individual y procedo a desarrollar mi disparate. 

Existe una idea elaborada que sostiene que el cambio comienza en uno mismo y es en el núcleo de la individualidad donde se gesta el gran cambio plural, cuando no universal. Esto es cierto en la medida en que acometer un proyecto transformador desde una individualidad que opera bajo la misma lógica que se pretende cambiar es una tarea titánica pero inútil. Transformar el mundo sin transformarnos como parte intrínseca del mundo suena, dicho de esta manera, bastante pedestre.   

Sin embargo, el citado argumento -muy socorrido por mentes despolitizadas y conservadoras que descalifican toda protesta social apelando a la condición inacabada de los individuos protestantes- ese argumento, ya les digo, es falso en la medida en que no hay cambio individual posible al margen de las dinámicas externas. Uno se transforma en relación a sí mismo pero sobre todo en relación al escenario del cambio: ese escenario llamado Realidad donde desempeñamos un pequeño papel en esa obra llamada La Vida.

Entonces ¿Es menester un individuo transformado que proyecte ese cambio al cuerpo social o es el mundo quien transforma al individuo en virtud de un proceso transformador? ¿Qué fue primero, el huevo o la gallina, el espermatozoide o el testículo?

3. Desplazándose espaciotemporalmente y expulsando los desechos líquidos para no horadar la tierra o, lo que es lo mismo, caminando y meando pa’ no hacer hoyo

He llegado a la conclusión -luego de pasar largas horas impostando la pose de El Pensador de Rodin– de que no hay cambio individual que no vaya acompañado necesariamente por un cambio social y viceversa. Intuyo que la transformación es un proceso vivo, fluido y permanente que nos contiene como parte constitutiva de sí. Cambiar -intuyo- es entrar en ese gran flujo, dejarse llevar por su corriente y transformarse en un momento dado en parte de la corriente. Transformarse en la transformación, por así decirlo.

Más allá de su formato (portal cultural, meta blog o blog pinchito), El Trilobite ha sido concebido -justamente- como una herramienta de transformación para quien esto escribe y para quien guste entrañarse en el líquido amniótico de su reflexiva entraña. La transformación es, en suma, un proceso dialéctico. 

Como cantara el cantautor:

caminante, no hay camino. Se hace camino al andar.

Mientras cito esta frase (que no deja de ser un glorioso lugar común) me asombra revisitar un verso que escuché a los ocho o nueve años y que no solo no ha dejado de tener sentido, sino que se ha vuelto cada vez más profundo y significativo. ¿Serán los buenos rollos de la edad?

Para acabar pronto, las coordenadas que convocan este encuentro en El Trilobite no son el punto de llegada sino un punto de partida; El inicio de un viaje transformador, impostergable y a marchas forzadas pero con pretensiones de gozoso paseo dominical, o bien -para decirlo con una retórica que no ahuyente de inicio a los posibles lectores- acudimos al banderazo de salida de una caminata que nos encamine -a paso de trilobite- hacia el ocaso.

JQ 

5 de abril de 2021