En el principio fue el blog

by Jose_Quintero
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1. Por el boulevard de los egos rotos

Este espacio y todo lo que en él cabe fue pensado como un portal cultural, un depósito de ideas escritas y dibujadas por un grupo selecto de autores cuyo fruto discursivo tendría la insidiosa tarea de incidir en el pensamiento de sus lectores. Con ese proyecto en mente perfilé mi dream team, redacté una convocatoria seguida de un pomposo manifiesto y me olvidé del asunto por un buen tiempo.

El paso arrollador de las semanas y los meses me pasó encima cual recua de burros mieleros e hizo evidente mi incapacidad de alimentar un proyecto de la magnitud imaginada inicialmente. Opté entonces por bajar mis expectativas y reducir el equipo de siete colaboradores a uno sólo (quien esto escribe) y, en lugar de un portal cultural, trabajar sobre la base de un meta blog, sea lo que sea que eso signifique y signifique lo que signifique que eso sea. 

No conformes con haberme pisoteado tiempo atrás, las semanas, los meses y los años decidieron bailar un jarabe tapatío sobre la humanidad de quien esto escribe y me invitaron cordialmente a reducir de nueva cuenta mis delirios editoriales. 

Si algo he aprendido en la práctica de ese deporte extremo que es envejecer, es que la lucha contra el tiempo siempre termina en dolorosa derrota (sólo hay que darle tiempo al tiempo); así que, ya entrados de lleno en este año del señor -2021-, me rindo ante mis circunstancias, reconozco mis limitaciones, humillo mi testa ante el futuro y doy por inaugurado este ambicioso portal cultural este prometedor meta blog modesto y devaluado blog con la convicción de estar construyendo, pese a todo, un espacio de reflexión y pensamiento crítico digno, transformador y a la altura de lo que mi dura sesera entiende como realidad.

2. ¿Qué fue primero, el testículo o la gallina?

La mesura, esa virtud sepultada por toneladas de mierda escrita, twiteada, posteada, publicada y compartida bajo el signo del yugo viral, se antoja digna de un revival. Ser desmesurado en el pensar para ser luego sobrio en el decir es -me parece- una fórmula que conviene adoptar como buen hábito; y que esto lo afirme un dibujante poseido por el desmesurado espíritu del barroco tiene su mérito.

La austeridad de El Trilobite, al fin y al cabo, no está nada mal. Pero esto es apenas el medio y no el fin; la socialización del pensamiento es sólo el éter necesario para la transformación individual y procedo a desarrollar mi disparate. 

Existe una idea elaborada que sostiene que el cambio comienza en uno mismo y es en el núcleo de la individualidad donde se gesta el gran cambio plural, cuando no universal. Esto es cierto en la medida en que acometer un proyecto transformador desde una individualidad que opera bajo la misma lógica que se pretende cambiar es una tarea titánica pero inútil. Transformar el mundo sin transformarnos como parte intrínseca del mundo suena, dicho de esta manera, bastante pedestre.   

Sin embargo, el citado argumento -muy socorrido por mentes despolitizadas y conservadoras que descalifican toda protesta social apelando a la condición inacabada de los individuos protestantes- ese argumento, ya les digo, es falso en la medida en que no hay cambio individual posible al margen de las dinámicas externas. Uno se transforma en relación a sí mismo pero sobre todo en relación al escenario del cambio: ese escenario llamado Realidad donde desempeñamos un pequeño papel en esa obra llamada La Vida.

Entonces ¿Es menester un individuo transformado que proyecte ese cambio al cuerpo social o es el mundo quien transforma al individuo en virtud de un proceso transformador? ¿Qué fue primero, el huevo o la gallina, el espermatozoide o el testículo?

3. Desplazándose espaciotemporalmente y expulsando los desechos líquidos para no horadar la tierra o, lo que es lo mismo, caminando y meando pa’ no hacer hoyo

He llegado a la conclusión -luego de pasar largas horas impostando la pose de El Pensador de Rodin– de que no hay cambio individual que no vaya acompañado necesariamente por un cambio social y viceversa. Intuyo que la transformación es un proceso vivo, fluido y permanente que nos contiene como parte constitutiva de sí. Cambiar -intuyo- es entrar en ese gran flujo, dejarse llevar por su corriente y transformarse en un momento dado en parte de la corriente. Transformarse en la transformación, por así decirlo.

Más allá de su formato (portal cultural, meta blog o blog pinchito), El Trilobite ha sido concebido -justamente- como una herramienta de transformación para quien esto escribe y para quien guste entrañarse en el líquido amniótico de su reflexiva entraña. La transformación es, en suma, un proceso dialéctico. 

Como cantara el cantautor:

caminante, no hay camino. Se hace camino al andar.

Mientras cito esta frase (que no deja de ser un glorioso lugar común) me asombra revisitar un verso que escuché a los ocho o nueve años y que no solo no ha dejado de tener sentido, sino que se ha vuelto cada vez más profundo y significativo. ¿Serán los buenos rollos de la edad?

Para acabar pronto, las coordenadas que convocan este encuentro en El Trilobite no son el punto de llegada sino un punto de partida; El inicio de un viaje transformador, impostergable y a marchas forzadas pero con pretensiones de gozoso paseo dominical, o bien -para decirlo con una retórica que no ahuyente de inicio a los posibles lectores- acudimos al banderazo de salida de una caminata que nos encamine -a paso de trilobite- hacia el ocaso.

JQ 

5 de abril de 2021

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