El último canto del Gallo ¿Suelo sagrado o cancha llanera?

  • AVISO: El siguiente texto contiene dosis desmedidas de auto halagos y párrafos con exceso de autocomplacencia.

Una de las experiencias más gratificantes que nos obsequia de tanto en tanto el trabajo creativo es la elaboración de una obra redonda, contundente, memorable, que hable con lengua propia. Esa cualidad de cosa guapa y bien hecha depende de factores que no están del todo claros y que no aparecen a voluntad. La mayoría de las veces, por mucho esfuerzo que se ponga en ello y en el mejor de los escenarios, un creador no consigue mas que elaborar obras decentes, correctas, bien intencionadas, cumplidoras. 
Las obras maestras no se dan en maceta sino en suelo sagrado. 

No estoy hablando aquí de grandes obras en relación a su extensión, su relevancia mediática (histórica, si se quiere) o su exuberancia técnica. Lo digo en un sentido laxo pero que no es menos importante. Me refiero a obras modestas pero contundentes: un buen dibujo, una canción inspirada, un verso memorable, un libro bien editado. Me refiero, para decirlo en términos pamboleros, a un gol olímpico anotado en cancha llanera.

Esa agradable sensación, la de estar construyendo una pieza sólida, bien articulada y donde cada elemento ocupa su lugar, es la que acompañó (no sin dudas e incertidumbres) la elaboración de El último canto del Gallo, un volumen retrospectivo que pretende dar cuenta de las luces y las sombras de la revista que en los años noventa fue estandarte de la historieta independiente de autor: Gallito Comic’s
En alguna de mis reflexiones pedestres he comentado que para ser autor de culto no hace falta mas que tener paciencia, constancia, mala fortuna y un público memorioso. Con sesenta números publicados, casi una década de vida y absoluta pobreza patrimonial, El Gallito califica con creces para ser recordada como una revista legendaria.

Retomo el hilo antes de que se me deshilache. La sensación placentera antes mencionada estuvo presente durante la elaboración del Tomo 1 de El último canto del Gallo y, una vez materializado en papel impreso sigue ahí. Es una emoción que ya había experimentado parcialmente con el Buba Volumen 1, con Flor de Adrenalina e incluso con Planeta Buba (aunque éste último ha sido recibido con cierta indiferencia tanto por pueblo bueno y sabio como por el pueblo snob). En todos los casos anteriores he sido lo mismo el autor que el editor de cada obra editorial, entre otras tantas cosas que también he sido.
Subrayo que la experiencia es relativamente similar porque en el caso de El último canto… mi labor principal ha sido formalmente la de editor. Organizar, coordinar, dirigir, dar sentido al sinsentido y forma al caos editorial es una labor que no había acometido antes o no de manera expresa y es, por tanto, una experiencia doblemente satisfactoria.

Habrá a quien le parezca poca cosa, pero a mí, que inicie mi vida creativa como un simple dibujante (“simple” es un recurso retórico, porque el oficio de dibujante es infinitamente digno y complejo) me resulta gloriosamente gratificante. 

Ese es, amigos y amigas, lectores y lectoras, ladys and dobermans, caballeros y damitas, caballos güeros y bolitas, ese es el sentir que me embarga en este momento en que presentamos públicamente el trabajo colectivo y colegiado encarnado en El último canto del Gallo Tomo 1*. Pero quizás me estoy dando cuerda yo solito y la falta de objetividad produce un estado de autocomplacencia que, si bien me complace, no es compartido por al público aplaudidor. 
Como siempre, el público lector, el tiempo y la historia nos juzgarán de mejor manera.

JQ
Puebla, marzo 2024


*El proyecto original era relativamente ambicioso. En su interés por abarcar el ciclo de vida de la plumífera revista ya estaba rondando ya las 400 páginas, por lo que decidí desmembrar ese mamotreto para presentarlo en 5 tomos de menor extensión pero mucho más manejables y vistosos.


El último canto del Gallo Tomo 1
Se presenta el sábado 30 de marzo de 2024 a las 18:00 o a las 6 PM (lo que ocurra primero)
en MUSA, 2 oriente 809, Centro Histórico de Puebla, CP 72000, México.

Tiene espinas el rosal de adrenalina

Flor de adrenalina (2009) se ha convertido en el ilustropoemario underground mexicano best seller por antonomasia. Su nueva edición es una muestra de ello, pues en un país donde es complicado vender poesía o agotar tirajes de historieta –e incluso hacer medianamente redituable casi cualquier producto cultural– una cuarta edición resulta toda una proeza. Máxime si el autor lo gestiona desde la marginalidad y de manera independiente. Pero antes de comentar el libro, quisiera esbozar una breve aproximación al origen de la ilustropoesía.

José Quintero es heredero de una de las tradiciones primigenias de la narrativa gráfica. Aquella que imbrica verso y dibujo, en lo que algunos autores, como Tamryn Bennet, denominan Comics poetry, y cuyo ejemplo se puede apreciar desde las aleluyas del siglo XVIII, pasando por la obra de Wilhelm Busch, Max und Moritz (1865), hasta (¿por qué no?) el Buba vol. 1 (2000). Sin embargo, el caso de Flor de adrenalina, se debe cocer aparte, pues el autor prescinde de las viñetas y los globos de diálogo para experimentar otro tipo de relación entre texto e imagen, en algo que ha llamado ilustropoesía

El embrión de la ilustropoesía se puede rastrear en el famoso taller Venegas Arroyo, de donde emergió una destacada generación de grabadores, entre ellos José Guadalupe Posada, cuya obra plástica en las hojas volantes acompañó corridos, décimas, entre otros textos (esta coincidencia no es gratuita, ya que Quintero logró emular el estilo del grabador para algunas de sus páginas contenidas en el Buba Vol. 1). 

A pesar de que las hojas volantes tenían cierta esencia de ilustropoema, no existía una relación dialógica entre imagen y texto, pues los grabadores no eran quienes escribían los versos, ni los escritores ilustraban sus líneas. Lo que sin duda arroja luz sobre una de las características de la ilustropoesía: tanto los versos como la ilustración deben ser realizados por un mismo autor. Ahora bien, ya establecidas de forma sucinta algunas nociones y precedentes de la ilustropoesía, podemos abordar el libro en cuestión.

Lo primero que cabe mencionar sobre la nueva edición es que su estado actual es producto de variaciones obtenidas a lo largo de sus sucesivas publicaciones. Debido a que la primera edición corrió a cargo de editorial Resistencia; la segunda fue una edición de autor –bastante cercana al resultado presente de la obra–; y la tercera se llevó a cabo gracias a una coedición con el gobierno municipal de Puebla. En dicho trajín editorial, la Flor de adrenalina algunas veces ha remplazado ciertos pétalos por otros, y otras más, ha incrementado su follaje. De modo que ahora podríamos estar hablando de una nutrida edición definitiva, que el autor ha cosechado con paciencia de horticultor. 

Quien conozca la obra de Quintero, encontrará en su ilustropoesía los motivos que le obsesionan. Temas que no ocultan su corto paso por la facultad de filosofía, y que, como los filósofos, busca las verdades últimas del amor, de la muerte y de la vida (que de hecho son justo los tres tópicos bajo los que estructura el libro). Y he aquí una curiosa tensión antigua entre filosofía y poesía que el autor parece encarnar, pues al abandonar la facultad para seguir la senda de la poesía, sucede lo enunciado por María Zambrano, cuando escribe sobre el triunfo de logos filosófico como modelo occidental: “Desde que el pensamiento consumó su ‘toma de poder’, la poesía se quedó a vivir en los arrabales, arisca y desgarrada diciendo a voz en grito todas las verdades inconvenientes; terriblemente indiscreta y en rebeldía”. 

Lo anterior resulta significativo, porque si la poesía ya era marginal, el trabajo de Quintero lo es por partida doble. Debido a que el prejuicio que pende sobre la historieta y la ilustración –una por considerarla infantil y la otra por juzgarla como un elemento meramente ornamental– no ha logrado ser erradicado del todo. Pero de momento, esas son espinas de otro rosal. 

A pesar de la confrontación poética-filosófica, el ilustropoeta no cede, y como buen alquimista consigue equilibrar una gráfica densa con versos barrocos dentro de la página. Porque la disposición de dichos elementos en el espacio de la hoja, también juegan un papel importante, que permiten al lector captar el diálogo ilustropoético

Por ejemplo, en el poema “Reino animal”, el autor escribe: “¿Te acuerdas de la ves que iba borracho/ y te acaricié los senos sin decir ‘agua va’?/ Fue un pequeño paso para el hombre,/ pero un gran salto para el reino animal”. Lo anterior crea una relación con la imagen, pero no como adorno para señalar lo ya escrito, sino como otra metáfora inherente al ilustropoema. En la gráfica observamos una luna oscura en el firmamento y un simio de trazo irregular (en lo que casi parecería un boceto) extendiendo su mano para alcanzarla. Y es en la asociación del verso con la imagen donde opera la ilustropoesía, pues ambos elementos enuncian el deseo primitivo en lo que parece inacabado, lo que aún esta en construcción.

De tal modo que la metáfora de la  imagen y el texto se entrelazan de manera armónica para conformar el ilustropoema. Pues como dice el filósofo favorito de todos los niños, Byung-Chul Han: “Las metáforas son el aroma que desprenden las cosas cuando entablan amistad”.

Otra cuestión que me parece digna de señalar, es la manera en que Quintero emplea el lenguaje. Algunas veces sus versos pueden ser crípticos y rebuscados, y otras más frívolos y coloquiales o –incluso– ambas cosas a la vez. Esto no es gratuito, ya que el bagaje cultural del que toma mano mezcla la alta cultura y la cultura popular (por decirle de algún modo y no enredarnos en esa otra espinosa dicotomía). Ya que en un mismo ilustropoema, bien puede mencionar el Bestiario de Borges y a la emblemática revista Duda; o hacer una analogía de Cristo con los videojuegos; y del mismo modo dedicar versos a figuras representativas de la historieta nacional, como Rius o Víctor del Real.

Por otro lado, el equilibrio en los trazos de una tinta meticulosamente aplicada para enunciar la metáfora y la métrica prolija, son elementos sustanciales en la mayor parte del libro. Y tal vez, Quintero elije la versificación por advertir algo que ya enunciaba Cioran: “El alma de la poesía es un fin anticipado y la lira sólo tiene voz después de un corazón herido. Nada hace resbalar más aprisa en la tumba que el ritmo de la rima”. 

En fin, cada ilustropoema ha sido meticulosamente diseñado para el deleite de la pupila inquieta y, también, del ojo inquisidor que mira con recelo. Invitados están a descubrir la colorida metáfora en flor contenida en este rosal de adrenalina. 

José Quintero, Flor de adrenalina, Mono Barroco, Ciudad de México, 2022, 143 pp.

Espinas introductorias

Hace ya un par de décadas, en una reunión en casa de Ricardo Peláez en la que delineamos entre trago y trago el mítico proyecto que a la postre desembocaría en el mítico Taller del Perro (laboratorio mítico de creación y difusión de historieta mexicana), ocurrió la mítica situación que a continuación voy a narrar.

Entre la fauna que se dio (nos dimos) cita en aquellas coordenadas del sur de la Ciudad de México se encontraba un joven y prestigiado intelectual del cómic que ya entonces gozaba del aura académica de “autoridad en la materia”. Yo había leído con cierta desgana uno o dos de sus textos (publicados lo mismo en las páginas de El Gallito Inglés que en el suplemento Histerietas de La Jornada) y me parecieron absolutamente insulsos, pero esa era (pensaba entonces y lo pienso ahora) una valoración subjetiva que no demeritaba la obra del insípido, hábil y conspicuo pensador emergente. Ya en las más altas horas de la noche tertuliana y con varios tragos encima lo reté con actitud pendenciera:

—A ver, si de verdad te las das de crítico dime algo de mí que no sepa… 

El intelectual en cuestión quedó pasmado ante mi delirante reto y, meneando la cabeza teatralmente para enfatizar su pasmo dijo, sonriendo burlonamente: 

—¿Cómo me pides eso? ¿Qué esperas que te diga?

Y mi pregunta impertinente se perdió para siempre entre el alcohol, la noche bulliciosa y la charla inagotable de aquella malograda generación de historietistas y gorrones que le acompañan.

En días recientes volvió a mi memoria la anécdota que acabo de narrar, pero esta vez iluminada por la luz sepia que conforma mi realidad quincuagenaria. 

El pensamiento crítico es, entre otras muchas cosas, la herramienta que permite visibilizar aquello que permanece invisible para los ojos. El pensamiento crítico desvela lo que resulta inaccesible para el entendimiento ordinario, señala generosamente los matices, bieses y costuras de la compleja realidad, favoreciendo y estimulando su comprensión.

Cuando pedí al intelectual de marras que me mostrara lo que desconozco de mí (de mi obra, se sobre entiende) más bien clamaba por su ayuda para bien comprender aquello que, estando frente a mí de forma cotidiana, permanecía opaco e inescrutable. Quería que me señalara aquello que resistía y negaba mis más vistosas gambetas intelectuales.

La semana pasada tuve el privilegio de leer en calidad de primicia un breve ensayo que mi camarada y amigo Conrado Parraguirre escribió a raíz de la cuarta edición de Flor de Adrenalina. Su pensamiento escrito me reveló aspectos hasta entonces desconocidos acerca del lenguaje ilustropoético y de mi propia labor creativa. Fue entonces (me parece, me suena, me cuachalanga) que vino a mi mente la anécdota que recién rememoré. Como no queriendo la cosa el ciudadano Parraguirre desveló aspectos desconocidos de mi opus micus y me ayudó de esa manera a comprender mejor la naturaleza simple y compleja a la vez (dialéctico que es uno) de mi faz creativa.

Comparto con sus excelentísimas mercedes esta celebrada reflexión y brindo nuevamente (así sea con un tequila de gama baja) por mí y por todos mis amigos, amiguis y amiges. 

Dice el inmortal Napoleón (no el militar francés sino el cantautor mexicano) que “si has de tener una rosa, tienes que mirar la espina”. Yo, pesimista orgánico y recalcitrante, afirmo lo contrario, que no es lo mismo pero tampoco es igual: Si has de revolcarte entre espinas procura mirar de vez en cuando (sin abusar, relativizando y siempre con moderación) la frágil y delicada cachondez de la rosa.                  

UN BUEN LIBRO SANTIFICA TODAS LAS GUERRAS

Sostengo entre mis manos la flamante cuarta edición de Flor de Adrenalina. Acaricio su portada con estas manos rudas de hombre de campo (del campo de las artes gráficas) y mientras reviso cuidadosamente cada aspecto del volumen caigo en cuenta de que no volveré a leerlo hasta pasados varios meses e incluso años (así lo dicta mi tradición), de modo que aprovecho este momento para compartir algunas reflexiones a bote pronto. 

¡Joya!

MY NIGHTMARE TEAM

Esta versión es una actualización de la publicada en 2014, así que quienes hayan leído el libro aquél encontrarán que ambos comparten el mismo espíritu, la misma vibra y similar impronta. No en vano fue producido por el sello editorial de la casa.

Ya desde la carátula se advierte que se trata de la misma obra pero depurada, corregida y aumentada. Ambas versiones fueron elaboradas con el apoyo invaluable de gente afín (amigos y camaradas) y la dinámica creativa de esta circunstancia se nota muy mucho en el volumen impreso; así que, más allá de sus valores formales, es notable el cariño, el esmero y el compromiso que el equipo de trabajo aportó en la elaboración de esta pequeña bestia editorial. Desde aquí les agradezco y me congratulo por contar con su valiosa ayuda. No serán mi dream team, pero sí mi nightmare team, el equipo que pone el hombro en mis pesadillas creativas.

CONJURO DECEMBRINO

La realización de esta edición particular me costó $angre, $udor y lágrima$. Por distintos motivos —todos ellos de ingrata memoria— se fue complicando progresivamente algo que debió ser una relativamente tersa reedición. En el penúltimo mes del 2022, apenas recuperándome de una depresión rotunda e insolente, opté por publicar el libro aunque fuera en los últimos días del agónico mes de diciembre (mala fecha, evidentemente, en términos de estrategia editorial).

La razón para tomar esta determinación es que no quería recordar el 2022 como la suma de pequeños fracasos profesionales. Este libro (pensé) conjuraría mi noche sin puente y daría un toque de dulzor al mal sabor de boca de los 12 meses anteriores. Celebro, pues, la aparición de esta flor decembrina igual que los cristianos celebran el nacimiento del niñito Dios. 

AUTODEFENSA EDITORIAL

Dice Lokorosky (y coincido con él): “justicia es darte lo que mereces”. Hace un par de años me propuse salir de una racha infausta retomando mi proyecto editorial (que es también un proyecto de vida) y para ello es condición sine quan ni madres no dejar pasar un sólo año sin llevar al papel al menos un libro de mi catálogo personal. Planeta Buba (2021) y Flor de Adrenalina (2022) son el vivo ejemplo de este compromiso adquirido. Confieso, en un arrebato de chocante sinceridad, que la única obra que cubre mis expectativas y colma mis apetitos lectores es la de quien esto escribe. El público tiene derecho a no coincidir con esta opinión —lo respeto y entiendo— pero no podrán negarme el derecho de gustar por aquello que acontece en mi marginal universo interior. 

Diré más, en un segundo arrebato de piadosa sinceridad: A estas alturas de la vida resulta obvio que, aparte de mí, no existe ningún editor, gestor cultural o casa editorial interesados en publicar alguno de mis libros. Es por eso que me asumo editor: no como un acto de congruencia, sino de autodefensa.

EL OFICIO

Y hablando del oficio de editor, cada vez me siento más satisfecho de mi desempeño en esta vocación tardía que es la de gestar criaturitas impresas. Entrar en modo editor es una de las recompensas más apasionantes y gratificantes, sobre todo en la medida que complementan al noble y primigenio oficio dual de dibujante y escritor. 

La otra cara de la edición independiente: el financiamiento, la promoción, los fondeos (particularmente los fallidos), la administración, los envíos, la gestión… todo me pesa, todo me cuesta el doble de lo que debería. Pero en cuanto comienzo a trabajar en cada nuevo proyecto y me adentro en esa especie de burbuja creativa toda esa talacha mundana pierde importancia. 

Un buen libro santifica todas las guerras.

ESTE LIBRO

Este libro es para tocarse, para leerse y releerse, para guardarse en la memoria y también para olvidarse al poco rato. Este libro es para disfrutarlo plásticamente (¡tiene dibujitos!). Es para tomarse muy en serio. Para reír un poco, para pasar el rato leyendo lo que esté a la mano sin darle la menor importancia. Es para dialogar con él y con su autor y también consigo mismo. Para sentir la musicalidad de las palabras y la armonía orquestal del blanco y negro. Este libro es para tomarse a la ligera, para llorar un poco y atesorarlo (aunque esto es opcional) o para botarlo con indiferencia en el rincón de la cantina o el de las obras menores (aunque esto también es opcional). Este libro es para reflexionar, para pensar en la vida o en la muerte como otra expresión de la vida, para pensar en el amor eterno con fecha de caducidad o el ligue ocasional que no se olvida. Es para pensar en los animales y el milagro de su existencia. Para disfrutar de la poesía, para disfrutar también de la anti-poesía. Este libro es para mirarse en él o para guardarlo en la parte alta del librero sin siquiera ojearlo. Este libro es para agregar tres flores nuevas al jardín de la ilustropoesía.     

Este libro —lector, lectora— fue escrito para ti.

José Quintero, diciembre 2022.

El libro

VEJEZ DE LIDIA

Se lidia con la vejez como se lidia con el sobrepeso, con una jauría de minutos hostiles, con el sentimiento de vivir un día que ya se acaba y hay que apurar el paso para cumplir con las tareas pendientes. Se lidia con un fenómeno irreversible, inédito e inaudito. Se lidia con la vejez como se lidia con un animal de lidia.

Recuerdo con mucho humor la primera cana que descubrí en mi antebrazo izquierdo, erguida de manera insolente entre mis dóciles vellosidades color negro azabache. Recuerdo con mucho menos humor la primer cana en mi fornido pectoral… lo que ya no recuerdo es cuándo dejaron de ser una anomalía estos pelos tan albinos como indomables. 

Envejezco y no lo hago solo. Me acompañan en esta noble labor mis amigos, familiares y parejas (y algunos disidentes de mi persona humana, pero esos insensatos ya eran viejos desde hace varias décadas). Envejece también el mundo, que aunque ya existía hace millones de años nació realmente junto conmigo y morirá cuando muera mi carne. Lo único que rejuvenece es mi temor a la muerte, mi gusto por el cacao tostado y mi fascinación por las stratocaster.

Stratocaster MIM

Estoy piensa que te piensa en el fenómeno de la vejez desde que hace unos días escuché una reseña de Un Instante Eterno, Filosofía de la Longevidad de Pascal Bruckner. No tengo tiempo de cambiar mi vida y mucho menos de leer libros caros, por lo que suelo esperar a que Hollywood o Netflix los adapten para la pantalla grande; En lo que esto ocurre o no, suelo ver las excelentes reseñas en el canal de YouTube de Carlos Álvarez Terán. Este reseña (este libro) me pareció increíblemente brillante, emotiva y vivencialmente estimulante, por lo que no dejo de recomendarlos a aquellos neorucos nacidos en la década de los 70’s y de allí patrás.

Como dijera el cumplido cantautor: Y ruede la rueda y gire la noria.

Gañán otoñal

La reseña en cuestión

Un Instante Eterno

CANCERBEROS DEL MARXISMO

I

SÉ A QUIÉN LE DISTE LIKE EL VERANO PASADO

Hace algunos días recibí un agrio reclamo en Twitter -la red sociodigital que más frecuento y que menos cultivo- por parte de un colega indignado porque (sergún él) quien esto escribe también apoya la criminalización de la protesta social. ¿La prueba? un like a un cartón político de Rafael Barajas, mejor conocido como El Fisgón quien -según la lectura disfuncional del colega de marras- criminaliza la lucha feminista, particularmente en el contexto del 8M

No acostumbro discutir o intercambiar puntos de vista en las redes por razones que no voy a enumerar en este momento, así que después de una primer respuesta mas o menos golpeadona, decidí no tomarme en serio los virulentos reclamos de este colega que se distingue por ser el hooligan de los historietistas mexicanos, la personificación de la furia del converso, protagonista de sanguinarias batallas verbales que ocurren siempre detrás de un teclado y miembro insigne de la Unión de (malos) Dibujantes Comunistas.

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Inútil responder a los adjetivos de burlón, moralista e hipócrita con que este prohombre me caracterizó nomás llegando, aunque no dejó de reclamarme después por recurrir a la burla y la descalificación personal. Igualmente inútil debatir con quien lleva la dialéctica a niveles esquizofrénicos (“corté contacto contigo pero espero el debate, pero no porque seguro tienes mejores cosas que hacer, pero ¿dónde están tus argumentos?”). Misión imposible debatir con quien comienza un “debate” a partir de una falacia del tamaño de sus prejuicios, sus fobias y sus rabias.

II

¡¿ALGUIEN QUIERE PENSAR EN LOS GRUPOS DE CHOQUE?!

En días previos a la marcha del 8M -día internacional de la mujer- tanto el gobierno federal como el de la Ciudad de México se propusieron anular la acción mutante de grupos de choque infiltrados en la lucha feminista [SPOILER ALERT: la estrategia funcionó] que desde hace 3-años-3 han buscado posicionar la narrativa de un proyecto político -el de la Cuarta Transformación– como indolente, represor y claramente adverso a la lucha de las mujeres y sus legítimos reclamos. No voy a abundar en este punto -el de la infiltración de grupos de choque por parte de diversas derechas- ya que está sobradamente documentado. Sólo diré que el cartón del 8 de marzo de El Fisgón “Escenarios de violencia” se refiere justamente a la articulación entre grupos porriles del equipo de pambol Gallos Blancos que el 6 de marzo estelarizaron sangriento desmadre en un partido de futbol en Querétaro y los grupos de choque que se desplegarían previsiblemente en la marcha feminista dos días mas tarde.

El cartón político en comento (que no alcanza la excelsitud gráfica y discursiva de los Dibujantes Comunistas pero igual le hace la lucha) no deja lugar a dudas de que Barajas señala a estos grupos de choque -financiados, lumpenizados, creados artificialmente con una intención política desestabilizadora- y de ninguna manera a la afición futbolera o a las adherentes a la lucha feminista; su caracterización gráfica es obvia e inequívoca. Mas aún -no vaya a ser que algún analfabeta funcional interprete mal su opinión- El Fisgón reforzó su publicación en Twitter con la frase: “La violencia en el 8M daña al movimiento feminista y beneficia a la derecha. Por un 8M sin violencia”. El Fisgón se pronuncia, en definitiva, por una manifestación libre de cualquier tipo de violencia que pueda afectar mediáticamente las causas y demandas del movimiento feminista, cuya legitimidad nadie en su sano juicio pondría en duda. 

La manzana de la discordia

Este alegato contra la violencia podría convencer a todos menos a un hábil y conspicuo dibujante comunista que sabe que detrás de esta opinión de apariencia clara y rotunda se esconde la criminalización de la protesta. Donde la mayoría ve un señalamiento expreso y puntual, nuestro artista ¿radical? ve a un caricaturista pro 4T (y esto es, según entiendo, algo malo) que equipara la violencia de un partido de futbol con el reclamo legítimo de mujeres y madres en busca de justicia. 
¿Pruebas? ¿argumentos? ¿razonamientos lógicos? ¡¿Quién los necesita?! ¡Venga la sentencia!
El cartón criminaliza la protesta y no hay nada más que discutir. Y quien esto escribe y aquello suscribe es un moralista hipócrita que merece ser exhibido por darle like a aquella abominación.

Para mi genuina sorpresa, la retorcida lectura del sujeto de marras no fue una excepción. En la polémica de los días posteriores al 8M hubieron varias interpretaciones en esa misma linea donde el común denominador fueron las tripas a botepronto o los prejuicios con grado de maestría y/o doctorado.

III

LO CORTÉS NO QUITA LO MARXISTA

Las diatribas de este simpático sujeto no merecen mayor atención y esta situación (que es el pan de cada día en Twitter) no pasa de lo vulgar y anecdótico, salvo porque pone en relieve un tema del que vale la pena ocuparse: el de la izquierda purísima, los francotiradores atrincherados en el castillo de la pureza, los descoloniales coloniales, los comunistas radicales de derecha. 

Hablo, groso modo, de un sector de intelectuales o simpatizantes de corrientes ideológicas prestigiadas que, a la sombra de estas, se dedican a descalificar cualquier proyecto político que no se acomode a su horma de pensamiento -preferente y sospechosamente los proyectos llamados progresistas latinoamericanos.

 Me centraré por el momento en los rabiosos fans de cierta interpretación del comunismo, quienes siguiendo la linea epistémica del socialismo realmente existente del siglo XX (hermético, ortodoxo, vertical, intransigente), ese que nos vendieron como EL SOCIALISMO y LA INTERPRETACIÓN FINAL DEL MARXISMO y que ahora se conoce no era mas que un fragmento adulterado. Enrique Dusell -exégeta de fama y prestigio mundial- asegura que el marxismo oficial o estalinista, el que la URSS exportó al mundo, no tiene nada qué ver con el verdadero Marx, y lo dice tras haber estudiado toda la obra -publicada e inédita- de puño y letra del aludido. Aún estamos por conocer -vaticina este filósofo argenmex– la auténtica dimensión del pensador alemán para dicha del pensamiento crítico y desdicha de la ortodoxia. 

Siguiendo aquella linea de pensamiento atrapado en resina, les decía, estos hinchas del comunismo van por las redes sociales echando bronca, regañando y acusando a cualquiera que se salga de su huacal epistémico. Su problema, además de cierta compulsión regañona y la altísima autoestima en que se tienen por le hecho de haber leído a Marx, radica en que, ortodoxos como son, ignoran las complejidades raciales, geopolíticas, sexistas, coloniales etc. que podrían enriquecer una interpretación no eurocentrica de esa linea de pensamiento e ignorando esto pretenden combatir al capitalismo occidental desde su misma lógica; es decir, se organizan para luchar contra el capitalismo reproduciendo sus lógicas patriarcales, eurocéntricas, racistas, clasistas, dualistas cartesianas etc. Esto se sabe por sus dichos diseminados por aquí y por allá pero sobre todo por sus hechos -podría dar fe de algunos que de comunistas sólo tienen la foto de perfil y de filocapitalistas, todo lo demás.

Quiero dejar bien claro que respeto cualquier interpretación de Marx (que no es que la respete, sino que me tiene sin cuidado) pero me parece penoso que vayan por la vida como una suerte de agentes 007 con licencia para trolear.

Por fortuna el pensamiento marxista es tan noble y poderoso que da tanto para hacer felices a estos simpáticos personajes como para ser retomado, ampliado y complejizado por los muchos y vigorosos marxismos que ayudan (esos sí) a entender mejor el mundo y poder transformarlo sin el ceño fruncido. Basten como ejemplo los marxismos negros y los marxismos del sur global. 


CRISTOBAL COLOFÓN

Guardo una sana distancia con el ballet folclórico de El Chamuco. Nos saludamos con respeto las pocas veces que coincidimos y personalmente admiro mucho a El Fisgón, mas como intelectual que como monero. Dado que su obra es pública tengo un montón de críticas y diferencias con ellos, pero los reconozco como los caricaturistas mas insignes del escenario político actual (no a todos, pero El Fisgón y Hernández sí la arman) y las críticas que puedo hacerles están a años luz de las que haría a los execrables moneros de derecha: mentirosos, cobardes, torpes, clasistas, racistas, maletas, inmorales, golpistas, guarimberos y mejor aquí le paro porque ya me estoy encabronando.

Digo esto porque me cuesta entender a quienes, pudiendo hacer una crítica -dura si se quiere pero fraterna- prefieren denostar al ballet folclórico con argumentos endebles, rabiosos y viscerales pero no tienen ningún empacho en confraternizar y darle sus nutridos likes a la derecha más nauseabunda (Calderón, Rictus, Alarcón, Garci y amables esperpentos que les acompañan). 

La siguiente captura de pantalla me parece una editorial en sí misma y es la síntesis de la vocación conservadora y derechista del bilioso monero, quien en su maraña ideológica se engalla y echa bronca a quien esto escribe por darle una manita arriba al cartón de un colega para luego hermanarse con un usuario que no es nada tímido en mostrar su iracundia irracional, su incapacidad lectora (supongo que es requisito para llevarse bien) y su evidente inclinación hacia la derecha; esa inclinación tan pronunciada que se sincroniza de manera armónica con la izquierda radical.  

Se dice honesto, coherente y comunista, pero definitivamente creo que no le salió.

JQ

UN TRUENO DESAFINADO Y SUS AFINADOS ECOS

En medio de una sala atiborrada (de desinterés e indiferencia), abrumados por un público que literalmente brilló (por su ausencia), el último viernes de febrero del año en curso fue presentado el fanzine de ilustropoesía Un trueno desafinado en Musa, Cultura Visual.

Este acto ritual cerró un ciclo que comenzó en mayo de 2021 -fecha de inicio del segundo Taller de Ilustropoesía- y deja como legado editorial la publicación que ahora comparto en formato digital.  

Nada como cerrar ciclos y compartir el fruto de nuestros procesos creativos.

¡Que lluevan los podridos jitomates!


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Comparto también el prólogo que escribí para esta noble causa.

UN ANIMAL NO CATALOGADO SOBRE LA LINEA DE HORIZONTE

I

Como todo artista sabe, la arena creativa es un escenario diverso y a veces contradictorio que lo mismo puede ser campo de batalla, jardín de juegos, hotel de paso o ring para desaseadas luchas en lodo. Durante el proceso de la creación se vale todo o casi todo; el artista goza de la impunidad necesaria para construir, crear o incluso tropezar con la ansiada obra que le redima y haga justicia a sus afanes estéticos y discursivos. Al fin y al cabo, si el artista consigue atrapar el poema, la melodía o el dibujo que lo trascienda habrá valido la pena cada maldito o bendito segundo de parto creativo.

La poesía ilustrada es el resultado casi inevitable de diversos fuegos cruzados en el salvaje oeste de la creación. Si uno dibuja y tiene un mínimo interés por la escritura poética, tarde o temprano se encontrará con ese ejercicio relativamente común que entrelaza sin querer queriendo la poesía y el dibujo. Ejercicio que -pese a su función lúdica o terapéutica- merece un destino de mayor envergadura.

Un botón de muestra basta y sobra para darse cuenta de que la relación dialógica entre imagen y poesía ha sido sub utilizada con demasiada frecuencia; que la poesía ilustrada (la ilustración reducida a una función apenas ornamental del texto poético) es sólo

la punta del iceberg de una disciplina que merece ser considerada lenguaje artístico por derecho propio. A ese estado superior de la poética graficada es a lo que he dado en llamar ilustropoesía.

Pero ¡que no cunda el pánico! Pese a mis aparentes delirios soy consciente de la condición germinal de este lenguaje híbrido. Me bastó la publicación de un libro (Flor de Adrenalina, 2009) para darme cuenta del enorme potencial de esta forma creativa tanto como de su frágil constitución. La ilustropoesía requiere de un riguroso cultivo, de facultades atípicas (escribir y dibujar solventemente) y de un buen golpe de suerte para que el maridaje entre palabra e imagen no acabe en divorcio o matrimonio forzado sino en relación fluida y amorosa. La ilustropoesía es un animal aún no catalogado corriendo sobre la linea de horizonte.

II

Estas y otras reflexiones random poblaban mi domo craneal cuando en mayo del 2021 dimos inicio el segundo taller de ilustropoesía. En rigor debería tratarse del primero, pero en 2019 le antecedió un taller de poesía ilustrada que el pudor me impide ignorar y que bien sirve de precedente para la disciplina que nos ocupa.

Este nuevo taller pretendía validar mis tesis sobre la ilustropoesía al tiempo que establecería algunas reglas o nociones básicas para darle forma y estructura definida. Quería constatar, además, la posibilidad de que otros autores ejercieran este lenguaje con cierta propiedad, con conocimiento de causa y de manera colegiada. Como quien dice, hacer poesía en manada. Como tercer premisa, buscaba hacer el abordaje desde un ámbito pedestre. Construir el artefacto ilustropoético sin delirios de grandeza ni delirios de becario; asaltar el oasis de la belleza desde el orden de lo ordinario, desde la ociosa realidad del día a día. Para mi buena fortuna, todos estos propósitos se cumplieron en una u otra medida.

El grupo se conformó por vía de una convocatoria abierta. El interés personal de cada uno fue la mejor carta de presentación y no hubo necesidad de descartar a nadie o buscar a más reclutas. Se trató de un grupo de trabajo hecho a la medida del taller y/o viceversa.

La dinámica de trabajo fue casi tersa. El compromiso de cada uno con su quehacer creativo ayudó a que el taller se moviera a buen ritmo y que no faltaran las charlas gratificantes, el buen humor y la camaradería. En un momento analizábamos tal o cual frase poética y en el siguiente hablábamos de aspectos dibujísticos

o del uso de cierta herramienta de Photoshop.

Y eventualmente, por un instante breve y como quien no quiere la cosa alguien veía de reojo y señalaba la sombra de la ilustropoesía.

III

Dejo mis opiniones de lado para que sea el amable lector quien juzgue el resultado de este ejercicio colectivo. Solamente diré que el fanzine me agrada en tanto que permite observar el trabajo acumulado de las compañeras y los compañeros y registra con puntualidad sus aciertos y desaciertos.

Mucho se habló durante las 6 sesiones de trabajo acerca de lo difícil que es encontrar el punto a la ilustropoesía. De lo fácil que es extraviarse o perder el equilibrio necesario para ejercer este duro e inútil oficio. Es fácil perderse por la misma razón que la magia no se da en macetas ni de manera silvestre; pero creo que cada ejercicio fallido y cada accidente feliz (Bob Ross dixit) nos acerca un paso más y nos permite observar a ese bicho mitológico -esquivo, esquivo, esquivo, esquivo- que es el ilustropoema.

José Quintero

Febrero del 2022

El cuarteto de la muerte

EL UNIVERSO Y AMABLES PLANETAS QUE LO HABITAN

I Los planes del universo

En el periodo comprendido entre 2011 y 2014 atravesé una de mis mejores rachas creativas y vitales. En ese lapso edité o reedité al menos un libro por año y pude construir una estructura administrativa que si bien era precaria, permitió seguir adelante con mis proyectos. Después de imprimir sucesivamente El Pote, Flor de Adrenalina, 13 Muertes de Buba, la colección de flipbooks Mono Cinético y los volúmenes 1 y 2 de Buba, me dispuse a editar un nuevo libro -esta vez de ilustración- para dar inicio a la segunda etapa de mi odisea editorial formada por obras de factura reciente y no por material “viejo” o rezagado, fruto del trabajo dibujístico de mis años de juventud. Esa fue mi determinación -publicar un nuevo libro-, pero el universo tenía otros planes.

En el último tramo de 2015 pasé dos crisis dolorosas. La primera fue de salud, pues fui hospitalizado de urgencia para extraer de mi cuerpo una vesícula reventada que hizo de mi tórax un auténtico chiquero; Esta intervención quirúrgica me sacó de la jugada por tres o cuatro meses y dejó como recuerdo imborrable las costuras de una cicatriz cosida con malas maneras. La segunda crisis (más dolorosa, más triste y aún más aparatosa) fue emocional y me dejó convaleciendo durante mucho, mucho tiempo. Apenas el año pasado dejó de ser una dolencia cotidiana pero de algún modo sigue ahí, como una cicatriz invisible que va desde el chakra raíz hasta el de la conexión espiritual. 

He tardado mucho tiempo en sanar, aunque en realidad uno nunca sana del todo. Durante ese lapso -que se mide en años- fui incapaz de retomar mi proyecto editorial y/o de concretar una nueva publicación. Escribí, dibujé (reescribí, redibujé), hice pactos y propuestas de ganar-ganar con entidades invisibles. Sentí una forma inédita de angustia, comencé a usar lentes para vista cansada y -junto con mi cumpleaños número 50- sentí la sombra de la vejez oscureciendo el horizonte como un atardecer con horario de verano. También apareció en el mundo -no sé si están enterados- una pandemia nivel Dios que me dejó sin trabajo, sin ingresos y sin esperanzas pero eso sí, con cubrebocas.

Fue entonces que el universo puso en mis manos un pétalo de rosa como quien deja caer una limosna.


II Habemus planeta

En septiembre del 2021 finalizó la campaña de fondeo para la impresión de una nueva criatura editorial que habría de sumarse a mi famélico acervo autoral. La campaña corrió con buena fortuna, el libro en cuestión se terminó de imprimir en octubre del año pasado y los ejemplares de los fondeadores se entregaron entre noviembre del 21 y enero de 2022. 

Este brevísimo resumen da contexto suficiente para presentar de manera pública al Planeta Buba, mi tercer libro de historieta y el sexto en el paupérrimo catálogo editorial de Mono Barroco

He hablado tanto de este proyecto (antes, durante y después de la campaña de fondeo) que me resulta empalagoso volver a hablar de él. Sin embargo, en ánimo de promocionar su venta (que alimentará tanto mi espíritu como mi estómago) escribo las siguientes lineas.   

El Planeta Buba es un libro sui generis, anómalo entre mis trabajos porque es el único que echa mano de recursos narrativos y no de la poética-visual. Aborda centralmente un tema que ha ocupado mi mente desde la juventud: la muerte de Dios; Pero no lo hace de manera trágica sino de forma lúdica y desenfadada. Utilizando figuras arquetípicas, equilibrando elementos oníricos, simbólicos y haciendo uno que otro guiño filosófico dentro de una narrativa fluida y no carente de sentido del humor. Es un libro simple y de amena lectura que toma prestados conceptos del ámbito filosófico y los pasa de cachirul a través de Buba, mi ya emblemático personaje. 

Gráficamente es un libro vistoso, elegante y por momentos grandilocuente. En sus páginas utilizo una paleta limitada a seis colores planos (incluido el blanco del papel) y eso es suficiente para desplegar atmósferas y escenarios dignos de la narrativa metafísica que ahí se cuenta. Como se trata de una historieta muda, el dibujo adquiere un nivel preponderante y el color se vuelve también una herramienta narrativa.

Finalmente, destaco el cultivo de ese tono ambiguo que me permite ser profundo, barroco y simplón a la vez. Disfruto como prieto el hecho de que el lector desconozca si lo que digo es en serio o en broma, que a nadie -ni a mí mismo- le conste el compromiso emocional de lo que allí se dice, de lo que allí se dibuja, de lo que allí se drena.

Y me siento (¿cómo no?) feliz de volver a las filas de los publicados. Más aún, me siento orgulloso de esta independencia editorial conseguida hombro a hombro con quienes me apoyan y me honran con su lectura, al margen de los criterios mercantilistas y de las agendas culturales del estado. Lo digo más claro: no le debo nada al hipercapitalismo biznero y neoliberal ni a los criterios rancios y doblemoralinos de las camarillas culturales de la 4T (proyecto político con el que, no se confundan, comulgo en lo sustancial).       


III Los nuevos planes de un universo voluble

Ya hablé de la sequía editorial que malviví desde el 2014 hasta el finado 2021. Siete años terribles en los que -sin embargo- no dejé de escribir, dibujar y proyectar nuevos libros. Y aunque al final me haya decidido por un viejo fanzine (el Planeta Buba en blanco y negro del 2000) para re-elaborarlo y encarnarlo en papel couché, aquellos nonatos editoriales siguen tomando forma en silencio y esperando su momento de salir al mundo. 

 En un par de semanas comenzaré con una nueva campaña de fondeo para poner a consideración de los amables lectores y lectoras la viavilidad de mi próximo libro. Espero contar con su apoyo y retomar esa bonita tradición de publicar un libro cada año; no por el hecho mismo de la publicación, sino porque considero que aún tengo muchas cosas qué decir y (perdón por la inmodestia) la mía es una voz que hace falta en nuestro ecosistema cultural.

Pongo mi destino en las manos del universo y dejo a su enigmático criterio mi fortuna. En el inter seguiré dibujando, escribiendo y practicando mis escalas pentatónicas.

Los invito a leer el Planeta Buba, aprovechando que estreno una tienda virtual, modesta y cutre pero operativa

Abrazo caluroso

JQ

DE LEVIATÁN A LEVIATÁN

En los tempranos años 90 del siglo pasado, algunos colegas historietistas y yo tuvimos la brillante idea de formar un grupo de rock de moneros. Con algún esfuerzo, débiles chisguetes de compromiso y sin la más remota idea de ejecución o teoría musical fuimos adquiriendo el equipo básico (amplis de recámara, guitarras desoctavadas, pedales de segunda mano etc.) para sonar en la sala del Frik, quien ya había tocado su batería en algunos proyectos de medio pelo. El resultado -como era de esperarse- fue un jocoso desastre, así que luego de algún tiempo el proyecto de los músicos moneros pasó a formar parte de las cosas que nunca existieron. 

Yo hubiera guardado permanentemente mi guitarra en sus estuche-ataúd de no ser porque Hugo Peláez, guitarrista visceral y hermano del historietista Ricardo Peláez, se enteró de la movida y se apersonó en un ensayo para echar un palomazo. Intentamos tocar algo en su presencia pero realmente no había nada qué ensayar, así que el Hugo asumió el rol de Jack Black en la película Escuela del Rock y nos hizo tocar Rock and Roll de Led Zeppelin en una sola toma. Yo quedé fascinado por la experiencia y sin saber bien cómo, lo convencí para formar una banda conmigo, ya sin moneros de por medio.

El Hugo (guitarrista nato y -como ya dije- visceral) accedió incluso a tocar el bajo con tal de que el proyecto siguiera adelante. Audicionamos a dos o tres bataqueros y luego de un tiempo regresamos al punto de partida para formar Garra de Mono con una alineación mixta de moneros y familiares de moneros: Frik en la bataca, Iván Proaño -hermano de Frik- en el bajo, Hugo en la guitarra solista y yo en la guitarra y la viril cantada. 

 No les hago el cuento largo. Lo relevante (dentro de lo irrelevante de esta anécdota) es que esta canción que ahora comparto fue el caballito de batalla para los ensayos y la primera de un repertorio de 10 o 12 canciones de la banda. La escribí en plena efervecencia del grunge (específicamente, escuchando de forma obsesiva el Siamese Dreams de los Smashing Pumpkins) y, a pesar de su precariedad armónica, lírica y melódica, resultaba solvente como ejercicio de calentamiento para los dedos y la víscera cardiaca. 

Así como uno guarda en la memoria el recuerdo del primer beso, la primer borrachera o el primer fraude electoral, mesmamente ansina como endenantes uno guarda la curiosa experiencia de cómo se escribe una linea de bajo, un riff a dos voces o una letra con cierta intención poética.

Ríanse de mí aquellos que saben degustar o crear buena música. Lo cierto es que cuando le rascaba las tripas a mi Les Paul y cantaba enjundiosamente esta canción me sentía como el mismísimo Cuco Bein.   

DOS MÁS A LA CUENTA DEL CANTAUTOR

No es que tema a la muerte, es que me aterra. Yo, consciente de la fugacidad de mis días (extraña fugacidad esta que se viste de fastidiosa monotonía y cotidiano tedio) decidí apresurar la grabación de mi arsenal de canciones repudiadas. No quiero desaparecer con el pendiente de haber dejado a medias (a medio escribir, a medio componer, a medio cantar) las 48 canciones que guardo en la carpeta Garra de Mono 2001 en Scrivener. ¿Se imaginan condenar a la inexistencia ese ramillete de canciones que a nadie interesan?

Como un chimpancé jugando al Tetris, regrabé guitarras y voces e hice ajustes en la mezcla a un par de archivos que tenía en mi carpeta de trabajo. La vida me negó un grupo de músicos afines pero me dio a cambio el Logic X. Creo que salí ganando, a pesar del duelo de egos, diferencias creativas y conflictos interpersonales con el software de Apple.

Con respecto a estas dos nuevas canciones: 

Noche sin Puente balbucea en clave etílica acerca del dolor sicológico, el miedo, la culpa y -en general- del horror de la consciencia en horas no laborales. Me enteré de su estructura de 6/8 hasta el momento de settear el tiempo en el programa de grabación. No cuadraba en 4/4 ni en 3/4 y le fui picando hasta dar con el tiempo correcto. 

Tatuajes es una reelaboración de una de las tantas canciones que escribí en los 90’s. La compuse empapado en el Clásicos de la Provincia de Carlos Vives (músico al que en años recientes apliqué la ley del hielo por su condición de mascota hipertrofiada de la derecha internacional). El resultado no tiene nada qué ver con Vives y eso me gusta. Me gusta también el feeling del solo de guitarra (creo que fue una de mis primeras lineas solistas, construida a puro oído y el método de prueba y error). Es, en resumidas cuentas, un rock guapachoso o guaparock

 Dios desprecia a los que se aplauden a sí mismos. Esta ocasión, con el debido respeto para el altísimo, me permito darme dos palmaditas en la espalda. Merezco más, pero con esto me conformo.