Apología de Javier Krahe 1

by Jose_Quintero
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Orfebre de la literatura gutural

El 12 de julio de 2015 -siendo un mozalbete de apenas 71 años-, Javier Krahe se recostó en su lecho de muerte para no levantarse más, o al menos no en esta dimensión. Me enteré de su fallecimiento —que había presentido la dominical mañana del día aciago— por un retweet o alguna nota perdida en Facebook. Durante las horas siguientes me mantuve a la espera de una improbable avalancha de menciones en las redes sociales; pero los mariachis callaron, los frívolos tuiteros callaron y la aldea global permaneció indiferente ante la partida del fino letrista. A tres años de su retorno al útero universal la humanidad sigue sin llorarlo, sin emborracharse o lamentar a grito pelado la ausencia irreparable de ese orfebre de la literatura gutural. 

Me vanaglorio secretamente (ahora públicamente) de conocer con cierto detalle las zozobras completas de este cantante tan marginal como universal. La obra de Krahe es uno de esos tesoros invisibles (porque lo escencial es invisible para los ojos -diría aquél- y también para los oídos -agrego yo-) que nadie ansía y nadie ostenta porque no se le ha asignado el justo valor de uso. El hecho de que el gran público desconozca la obra de este cantautor resulta tristemente trágico no para Krahe, a quien la fama fatal le tenía sin cuidado, sino para el propio público, quien en esta omisión se pierde de vivir uno de los episodios más gratificantes y singulares que puede experimentar hispano-oyente alguno. Con estas silvestres reflexiones intento acercar a uno y a otros a la manera de los niños que comparten sus mejores juguetes o los adolescentes de finales de los ochenta sus casetes piratas adquiridos en el Tianguis del Chopo (lugar donde, por cierto, descubrí a este autor monumental cuya música reverbera de manera permanente en la cantina de mi alma). 

¿Que quién es Krahe?

Javier Krahe fue un humorista, ironista, poeta, galán otoñal, virtuoso de la cuchufleta, bohemio, juntapalabras de estratosféricos vuelos y —más que cantautor— habalutor madrileño nacido a mediados del siglo pasado. No diré que fue un genio, pero sí que escribió canciones francamente geniales. Con 15 álbumes publicados, la mayoría de los cuales contienen joyas, perlas y churumbeles que enriquecen el acervo lírico universal. Sus canciones geniales -las que lo son- no lo son en virtud de su número, sino de su arquitectura literaria y su cualidad de obras personalísimas, únicas e irrepetibles; inimaginables más allá de la voz y la sensibilidad del artista de marras.

Que Krahe es un fuera de serie se sabe por lo insólito de los temas que trató, además del tacto (no menos insólito) con el que supo acariciar las palabras. Se sabe también por lo atípico de su presencia escénica y lo extraño de su voz que era, de tan mala, irrefutablemente buena; En este sentido pertenece a la estirpe de Agustín Lara, José Alfredo Jiménez, Leonard Cohen, Tom Waits o cualesquiera otro cantante de fea faz, hórrida voz y extraordinaria sensibilidad. 

Pero su condición de artista insólito se conoce -sobre todo- por el riguroso apego hacia su propia agenda creativa. Sospecho que Krahe evitó sistemáticamente cualquier posibilidad de éxito en el sentido concebido por la industria discográfica. No fue en absoluto complaciente con el público y menos aún con su público al que -sigo sospechando- necesitaba mirar de cerca para constatar cara a cara la fluidez del diálogo, lo cual explicaría su predilección por los pequeños escenarios. Tampoco buscó agradar merced a las fórmulas para hacer comercial a una canción de las que habló con tanto conocimiento de cau$a Joaquín Sabina -su amigo y referente obligado-; de tal manera que su obra resulta accesible pero de ninguna manera fácil de aprehender. No admitió censura, autocensura o interferencia alguna con su soberanía discursiva y desestimó cualquier postura que lo congraciara con el progresismo o el imperio de la corrección política y por todo lo anterior pagó el precio requerido dejando -incluso- propina.

Es la vida de artista del cantante letrista

A diferencia de legión de cantautores cuyas obras memorables fueron escritas en su madurez biológica o incluso en la juventud, Krahe supo encontrar la vitalidad juvenil en la vejez. Fue en la última etapa de vida donde alcanzó su cima creativa que se manifiesta en letras impecables, inteligentes (pero de verdad inteligentes y no como esas letras decorosamente escritas que se hacen pasar por tales), complejas en el mejor sentido: llenas de matices, hallazgos, retruécanos y sutilezas; todas ellas envueltas por una música orgánicamente integrada merced al blindaje armónico y melódico construido -a la medida y al momento- por sus tres músicos de cabecera, de los que hablaré más adelante. 

Reposado, siempre a su aire y siempre ajeno a modas y tendencias, nuestro original e insólito cantante cantó a la seudo democracia, al final del siglo XX, al placer solitario, al tamaño de su miembro viril (¡hágame usted el favor!), a los sentimientos de su propio miembro viril (¡vuélvame a hacer el chingado favor!) cantó a su propia canción, cantó al tabaco, al pensamiento suicida, a Matilde Urbach, a las tecnologías de tortura y muerte, al astronauta español Pedro Duque, a su proceso creativo y a los extraterrestres. Compuso fábulas (edificantes o no) con animales u homo animales como protagonistas, descompuso magistralmente La Odisea, cantó mucho y en muy distintas situaciones sobre la vejez, se burló hasta el hartazgo de los señores de la iglesia y recorrió la gama emocional amorosa de uno a otro polo: desde el amor trascendente hasta el desamor que arranca de cuajo un corazón sin fe, pero aún con latidos, pasando por el simple lige veraniego, el sadomasoquismo, la infidelidad, las peripecias conyugales, la ninfomanía, la asimetría cronológica y un romántico etcétera.

Pero las virtudes discursivas de este quijotesco autor no pueden (no deben) limitarse a la originalidad de sus temas. Como buen filósofo devenido en humorista, Javier Krahe no pudo evitar que de tanto en tanto lo desbordaran frases o canciones impregnadas de existencialismo, introspección y melancolía, como en Hoy por hoy (temprana obra maestra sobre la insoportable levedad del tiempo y la existencia), La Taberna (oscura y melancólica versión el mito de la caverna de Platón reubicado en una taberna) El Ciprés (sobre su propia tumba), Conócete a ti mismo (humorada sobre la búsqueda del ser en distintos contextos) y/o El Cromosoma (otra canción temprana sobre la trascendencia vital a través del cromosoma y no de la resurrección).

Evidentemente, el tratamiento a los extravagantes temas mencionados es humorístico, pero lo que hace gracia de ese humor es que no carece de seriedad e incluso de profundidad; En su obra el humor es forma y no fondo o, dicho de otro modo, Krahe es un viejo sabio cuya sabiduría le impidió tomarse la vida con gravedad. 

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